Relato: Mi Sirvienta, mi hembra y mi dueña (2)





Relato: Mi Sirvienta, mi hembra y mi dueña (2)

Segunda parte.



Había pasado ya casi un mes desde mi primer encuentro con
ella, las cosas parecían marchar bien. Comencé a salir muy temprano de la
escuela y regresaba directo a casa para estar con ella de suerte que apenas
llegaba a casa y ya sentía cosquilleos en mi bulto.



Ella se había vuelto mucho más cariñosa conmigo (cuando no
estaban mis padres), casi parecíamos novios; podía besarla muy rico en la boca,
abrazarla por la cintura, incluso apretar sus tetas y su culo por encima de su
uniforme. La única desventaja era que no me la había vuelto a coger, ella
simplemente se oponía sensualmente, diciendo cosas como "ya, déjame, espera y te
voy a dar un regalo mucho mejor", lo cierto es que no me atrevía a propasarme
por temor a asustarla y además me intrigaba ese "regalito".



Pude descansar cuando vi en el basurero de su baño una
toallita sanitaria ensangrentada, lo que demostraba que no la había embarazado.



Por cierto días después de habérmela cogido por primera vez
comencé a subir con mucha regularidad al cuartito donde dormía ella con el
pretexto de platicar, pero realmente buscaba pistas para poder influir sobre
ella y con el objetivo primordial de cogérmela, pero por el momento no pude
hacerlo.



Un día, después de salirme de clases al llegar a casa le dije
que se arreglara porque íbamos a salir.



-Pero no puedo, hay mucho trabajo por hacer y si viene tu
mamá antes de tiempo y no me encuentra me va a correr-. Dijo ella. -No te
preocupes, ya sabes que por la mañana nunca viene, además te conviene porque tu
no tienes ropa bonita y yo te la voy a comprar-. Era una chica de pueblo e
ingenua (eso pensaba), así que pareció agradarle la idea y con la promesa de no
tardarnos subió a cambiarse de ropa a su cuartito. Yo no perdí oportunidad y la
seguí.



Casi me suelta un portazo en la cara, pero alcance a meter el
pie y la empujé con fuerza haciendo que ella retrocediera bruscamente. No sé
exactamente que provoco aquello, pero del enamoramiento morboso infantil, pase a
sentirme un verdadero macho un semental, me sentía viril y le demostraría mi
hombría a esa hembra.



-Vístete para salir-. Le dije con la respiración algo
acelerada (me estaba excitando) -Como crees que me voy a cambiar si estas aquí,
además lo que estas haciendo no es de caballeros...-. La atraje hacia mí y le
plante un beso súper cachondo, paseaba morbosamente mi lengua por lo profundo de
su paladar y su lengua se revolvía. Ella quiso zafarse y yo no la dejaba,
después que me canse de besarla la empuje con fuerza y cayó sobre su cama, que
estaba a menos de un metro.



Se me quedo mirando sorprendida y excitada a vez, pero aun
así parecía dudar. -Escúchame bien, eres mi mujer y debería poseerte aquí mismo
para demostrarte que quién manda aquí soy yo, el macho-. -No te atreverías-
contestó ella. -Mira perrita, eres mi hembra y si quiero te puedo violar aquí
mismo-. -Te saldría muy caro el gustito niño, además quien dice que soy tuya, el
hecho de que me hayas cogido no quiere decir que te pertenezca-. De momento no
supe que decir, de hecho eso me frenó en el último instante, pues ya la iba a
violar, me recordó que si quería ella me podía denunciar con la policía.



-Vístete- fue mi seca pero excitada respuesta. -Así me gusta
torito, que seas dócil y como premio te puedes quedar-. Me vino a la cabeza una
idea que en ese momento no me importo, pero después analizaría muy bien: en un
primer momento parecía que yo tenia el control, pero más a fondo siempre sucedía
lo mismo, yo acababa por realizar buena parte de su trabajo domestico.



En casi un mes me había puesto de una manera muy sutil, con
mimos y caricias a fregar platos, pisos, ordenar closets y aspirar mientras ella
acababa viendo las novelas. Salía temprano de clases solo para llegar a casa a
hacer su trabajo, no es que no lo notara, solo que no le daba importancia, de
hecho casi me excitaba pasar de patrón a sirviente por ella.



Como sea que fuere, ceremoniosamente desató el nudo del
delantal blanco de su uniforme y lo dejó caer al piso, viéndome con una ligera
sonrisa desabotonó la parte trasera de su blusa e igual la dejo caer, mi pene se
activó como resorte, no podía hacer otra cosa que mirarla como estúpido.
Finalmente bajó el cierre trasero de su falda y la dejo caer haciendo un crujido
con la tela



La tenia en ropa interior y mi pene ya esta tieso y húmedo.
Tomó un vestido verde muy feo que había en un armario y se lo puso, era evidente
que no sabia vestir. -Nos vamos?-. -Sí amor-. Bajamos la escalera, cerramos la
casa, subimos a mi auto y nos fuimos de compras.



Pretendía llevarla a probarse ropa a una tienda departamental
del sur de la ciudad, pues como vivíamos en el norte era poco factible encontrar
a un conocido en el sur. Es un centro comercial lujoso al que llegamos, casi no
había nadie pues era mitad de semana en la mañana y todos están ocupados, menos
yo y mi "mujer".



Estacione el auto y entramos, la tienda casi vacía.
Inmediatamente la lleve a comprar las prendas más importantes, fuimos al
departamento de lencería; ahí expliqué a la vendedora que quería que nos
mostraran las prendas más sugestivas de tangas y brassiers solo con encajes y
hechos de seda, además de un body que tenía puesto un maniquí; también pedí ver
unas unas batas de noche y que nos mostraran medias solo de seda y ligueros a
tono.



Como no había nadie la vendedora trajo bastantes modelos, era
evidente que a carolina le daba pena, dado que era de pueblo, sin embargo no le
di oportunidad de protestar y cuando se iba a meter al probador entré yo
también. La vendedora me detuvo, diciendo que eran políticas de la empresa las
que prohíben ese tipo de entradas. -Mire señorita, eso ya lo sé, pero ahorita no
hay mas clientes ni en el probador ni en su departamento; además si eso le queda
a mi "mujer" me lo voy a llevar y usted gana una buena comisión-. Dudó un rato y
luego solo me dijo. -apúrese, no lo vaya a ver el gerente-.



Entré al probador y la hice probarse algo así como 22 prendas
de tangas y sostenes, unas 6 batas y 12 pares de medias.



No pretendía cogérmela ahí, así que hice que se la midiera
con calma, limitándome a observar con lujuria y mi palo tieso y húmedo a mi
apetitosa y buena sirvienta pueblerina, de verdad que tenia un cuerpo
voluptuoso.



Al final se me decidí por 10 tangas todas con encaje, 5
negras, una roja, una azul cielo, una gris, una color vino y una verde, algunas
semitransparentes y todas de seda con sus respectivos sostenes. También me lleve
el body pegado con encaje negro, igual de seda; me encantaba como hacia saltar
sus tetas como si se le fueran a salir.



De las medias escogí 3 pares de negras, uno con encajes
también negro, unas azul claro, verdes, rojas y grises; todas con encaje hasta
arriba, de seda y con sus ligueros correspondientes.



Una bata de noche además de unas botas negras de cuero con
tacón ancho hasta abajo de la rodilla y unas zapatillas negras de charol con
tacón alto que nos trajo de improviso la vendedora.



Antes de pagar nos llevó a ver vestidos, donde le compré dos
minifaldas: una negra pegada y una escocesa amplia además de una falda larga
negra hasta las rodillas ajustada con una raja hasta el muslo.



También compré blusas de botones formales en colores claros y
blusas ajustadas de licra negras con un gran escote que también cubrían los
brazos y resaltaban las tetas.



La suma era mas de 850 dólares, pero los pagué con mi
tarjeta, la vendedora le dijo en secreto a carolina algo que después me dijo
ella a mí: -Te fué muy bien amiga, si te soy sincera no pensé que se fueran a
llevar nada, los adolescentes casi nunca compran, se ve que la van a pasar muy
bien-. -Los bebes le van a salir caros, fue lo que le contesto carolina-. Y las
dos comenzaron a reír.



Llegamos a casa justo antes de que llegara mamá, venia de mal
humor y hablando del ahorro, se desquitó con carolina gritándole y amenazando
con correrla. -No sé porque le pago tanto a esta inútil, llego y el aseo no esta
hecho, o mejoras o te me largas!-. Si tan solo hubiera sabido que me gasté mas
de 850 dólares en la sirvienta, y si tan solo yo hubiera sabido que ya me tenia
bajo su control...



El día transcurrió muy aburrido y lento, a la pobre carolina
no le quedó otra opción mas que escuchar el regaño sin decir nada. Cuando se fue
mamá a su habitación, dijo entre dientes. -Me las va a pagar y te va a doler-.
-Que dices carolina?-. -Nada, solo pensaba-. Con un tono machista le dije. -Pues
ya deja de pensar, que eso no va contigo, además te falta preparar la comida-. Y
con gran fuerza le di una sonora nalgada que la hizo quejarse y mecerse hacia
adelante. No le di tiempo para rezongar porque enseguida me subí a mí recamara.



Resulta que esa noche mis papas esperaban a unos amigos para
la cena así que mama salió un rato mas tarde a peinarse al salón de belleza y no
llegaría hasta la hora de la cena igual que mi padre; de mi hermano solo sabía
que no estaba.



Faltaban ya poco menos de una hora para la cena y carolina ya
casi acababa de poner la mesa, en ella había una charola con lomo de cerdo
horneado, otra con dos pollos igual horneados, un platón de ensalada de atún y
otras cosas más. Ella se disponía a poner un platón de spaguetti con crema en
una mano y con la otra el postre de platanitos con crema. No me había visto.



Había bajado completamente desnudo y me acercaba
sigilosamente atrás de ella, le di una sonora y rica nalgada, ella salto y yo le
dí la vuelta, la atraje hacia mí y le di un beso animal, la saliva le escurría
por la comisura de los labios; Al mismo tiempo con una mano amasaba una de sus
tetas y con la otra le estaba desabrochando la blusa, ella no podía defenderse
porque tenia en las manos los platones.



Como pudo los dejó en la mesa y me reclamó. -Estas loco, tus
papas vienen en menos de una hora y...-. La callé, pero con una bofetada, ella
quedo aturdida y aproveche para empujarla, ponerla sobre la mesa y ponerme
encima de ella.



No obstante quería zafarse y empezó a decirme de cosas. -Los
novios no hacen esto, si me amas...-. La calle metiéndole en la boca un puñado
de espaguetti que tome del platón. Con unos tirones mas arranque los botones de
su blusa y con uno de los cuchillos para carne le corté el sostén por enfrente
descubriendo sus hermosas e infladas tetas.



De inmediato me puse a chuparlas y se me ocurrió entonces
vaciarle una crema de zanahoria que estaba en una ollita sobre sus tetas, ella
respingo porque estaba caliente la crema y por si fuera poco se empezaba a
ahogar con el spaguetti. No me importo y la seguí lamiendo como un becerrito que
no han destetado aún, chupaba tanto que casi arrancaba sus pezones, mientras que
la crema escurría ya hacia la espalda y su cintura.



Deje que se incorporara rápidamente para que no se ahogara.
-Te portaste mal mi yegua y me las vas a pagar, quieres comer igual que tus
patrones? Entonces hazlo-. Seguía tosiendo aún cuando arranqué una pierna del
pollo y se la metí en la boca, ella no atinaba a reaccionar todavía, así que le
di la vuelta y comencé a subirle la falda y empezó a patalear.



Ciego de excitación y deseo le di otra nalgada con todas mus
fuerzas y ella aminoró su protesta, cuando estaba subida mas de la mitad la
falda le abrí las piernas y acabo de subirse, con el mismo cuchillo corte sus
calzones blancos.



-No te quejes, ya te compré ropa nueva-. Le dije; entonces
aunque mi pito ya estaba lubricado, lo metí de lleno en el tazón de los
platanitos con crema; lo moje bien, acomode a mi hembra y la penetre
salvajemente por la vagina. Tomé dos puñados de spaguetti y con ellos amasaba
sus tetas; Empecé a meter y sacar violentamente mi palo de su cueva, una, dos
tres, cuatro, cinco, seis... Ella había escupido el pedazo de pollo y gemía como
perra, poco después juro que vi y me sentí en el paraíso, grité como loco y mi
pene estalló en un potente chorro de semen que inundo su vagina y escurría
alrededor de esta, poco después ella gimió como gata y soltó sus abundantes
jugos fuera de su vagina alrededor de mi pene, mezclados con mi semen y la
crema.



Caímos exhaustos sobre la mesa y me empecé a reír, le di la
vuelta y la bese, -Eres mi hembra-. Le dije y empecé a tomar con mi dedo y
chupar la crema de zanahoria que tenia sobre sus pechos y los restos de
spaguetti. -No sé que te parezca gracioso pero ya vienen tus padres-. -Amor,
todavía tienes el tiempo justo para recoger-. Era verdad, así que ya se disponía
a entrar en acción cuando la paré en seco.



-Primero déjame tomar de esto-. Tome la mayor cantidad de
nuestros flujos de su vagina y la eché en el platón del postre, ella se rió y
dijo. -Ahora todos nos van a comer-. Rápidamente y así semi desnuda arreglo la
mesa: cambió el mantel reacomodó los platones y las charolas de comida, resirvió
donde faltaba y acomodó otra vez la pierna de pollo.



Entonces la volví a parar en seco y a base de lametones le
quite los restos de crema y spaguetti de las tetas, el abdomen, su pubis y su
vagina. Pero volví a tomar un puñado de spaguetti y se lo metí en la vagina
hasta que estuvo bien llena, la besé y le dije: -Vete a cambiar, no uses
calzones y cuando te toque servirme spaguetti me das esta porción que ya aparte
para mí. La besé y subió corriendo a cambiarse, bajó justo cuando llegó mi padre
con sus amigos.



Los invitados eran una pareja de mediana edad, mi hermano no
llegó a la cena pero si mi mamá que no perdió oportunidad para regañar a
carolina. Comenzamos a cenar y vi como caían pedacitos de spaguetti de entre sus
piernas debajo de su falda, me excito ver como todos sin notarlo comían mi semen
y los flujos de mi hembra. Y si pude notar como caro revolvió el spaguetti
normal con el "suyo". Casi me hizo eyacular en la mesa.



Al final solo le reclamó mi mamá a caro lo salado de la
comida, yo tenia ganas de soltar una carcajada.



Los invitados se fueron a eso de las once de la noche y yo a
dormir a mí recamara, pero esa noche no podía dormir tranquilo. Literalmente se
estaba quemando mi pito, deseaba cogerme a carolina con todas mis fuerzas, era
inútil, no podía dejar de pensar en su exquisito cuerpo, necesitaba manosearla,
besarla y sobre todo y a cualquier precio hacerla mía.



Así que perdí de nuevo la cabeza, espere un tiempo que se me
hizo eterno a que se acostaran mis padres, me quite la pijama y los calzones
quedando completamente desnudo; Sin importarme nada, ciego de deseo salí de mí
recamara con el pene tieso como un sable a buscar a mi hembra.



Cerré la puerta de mí recamara con el mayor sigilo y me
detuve a ver y escuchar: Nada. Bajé las escaleras rápidamente y sintiendo la
frialdad del mármol bajo las plantas de mis pies.



Había llegado a la sala cuando escuche la voz de mi mamá:
-¿Quién anda allí?-. Me quedé helado, si bajaba me encontraría allí desnudo, en
medio de la oscuridad y con el pito mas tieso que un fierro. No me moví ni hice
el menor ruido. -Quién....-. No acabó la frase, escuche que se abría la puerta,
no podía correr pues haría ruido con las plantas de mis pies en el suelo de
mármol, además todo estaba en silencio.



Escuche que bajaba las escaleras y muy lentamente me decidí a
moverme, temía que oyera mi corazón que estaba reventando mi pecho del susto,
estaba muy oscuro y la ventaja era que ella no tenia muy buena vista. Cuando
casi llegaba a donde estaba, me puse en cuclillas y es cuando de pronto prendió
su lámpara de mano y alumbró al fondo. Me sentí desfallecer, fué un instante y
por una gran suerte se convenció de que no había nadie y la apagó. -Ya estás
oyendo cosas-. Se dijo a sí misma, dio media vuelta y subió rápidamente
tanteando en la oscuridad.



El corazón se quería arrancar aun de mi pecho y sudaba frió,
pero me alegré y se me puso aun más tieso mi sable, y con aire de caballero que
ha pasado un gran peligro me dirigí hacia mi princesa.



Crucé la cocina y salí al patio, comencé a subir la escalera
de caracol metálica que llevaba a la azotea donde estaba su cuartito, me
lastimaba la planta de los pies, me refrescó el viento helado de la noche.



Llegué a su puerta y toqué con sigilo, casi de inmediato se
oyó su voz. -¿Quién es?-. -Te amo-. Fue todo lo que se me ocurrió susurrar. Ella
abrió la puerta y enseguida me abalance sobre su delicioso cuerpo, no paraba de
besarla y ella me correspondió. Cerré la puerta y la llevé a la cama. -Ya te
divertiste hoy torito, además mañana tienes escuela y.....-. -Cállate, esta
noche soy para ti, no pienso ir mañana a clases y me voy a quedar contigo-. Le
dije. -Tus papás se van a dar cuenta y yo tengo que levantarme temprano a
hacerles el desayuno-. -Eso no me importa, mañana te inventas algo y esta noche
vas a ser mía, por las buenas o por las malas, depende que tanto quieras
disfrutar tu violación-.



La bese y ella ya casi no ponía resistencia, llevaba puesta
solo una playera que le quite sin dificultad y unos calzones que bote en la
oscuridad. Ella sintió mi pene y lo masajeaba en la oscuridad que apenas velaba
la luz del alumbrado publico que se colaba por la ventana.



Comencé a manosearla con suavidad y la bese toda completa,
estábamos haciendo el amor como dos esposos, sin prisas y con pasión pues ya la
había poseído en la tarde, no tenia apuración alguna, tenia la noche entera.



Cuando llegué a su vagina comencé a lamerla con mucha
delicadeza, primero sus labios; luego con fuerza y firmeza pero sin prisa fui
metiendo mi lengua cada vez más profundo en su húmeda cuevita, sentía como la
calidéz sus flujos me abrasaban la lengua, cada vez eran más espesos y su nido
más suave; hasta que con mis manos separé aun más sus piernas y hundí de lleno
mi cabeza en su santuario. Mi lengua estirada al máximo cubría su clítoris al
cual relamía como gato una y otra vez.



Ella empezó a gemir cada vez mas fuerte así que tome un trapo
o algo que encontré a tientas en la cama, pues mi cabeza estaba hundida en su
cueva y se lo metí en la boca. Ella no hizo nada por quitárselo pues comprendió
lo que sucedería si mis padres oían gritos o peor sus gemidos, quizás la
excitaba tener algo en la boca.



Seguí bañando su clítoris con mi saliva y repasándolo una y
otra vez, hasta que me rodeó el cuello y la espalda con sus piernas, me apretaba
con fuerza y después me tomó del pelo con sus manos y me clavaba sus uñas como
gata, para finalmente arquearse felinamente y soltar gemidos apagados por su
improvisada mordaza hasta temblar sin control bañándome por completo mi cara con
un mar de afrodisíacos jugos vaginales; de los cuales tragué cuanto pude.



Enseguida cayo toda distendida sobre el colchón, perdió todas
sus fuerzas y sus piernas y brazos resbalaron de mí. -Gracias mi amor por darme
de beber este gran néctar de dioses, te amo tanto y te lo agradeceré siempre-.
Le decía fuera de mí mientras me ponía a su nivel y la besaba lascivamente; ella
estaba atontada por el orgasmo y se había quitado su mordaza. -Es mi turno
yegua, te va a montar tu toro hasta vaciarse por completo dentro de ti-. En eso
ella me dio a oler su "mordaza", tenia olor a sus pies, era una de sus medias,
que ya tenia tiempo de no usar, de improviso me vendó los ojos con ellas y la
poca claridad que había en el cuarto se esfumó. La otra que no sé de donde sacó
la ató a mi cuello con un doble nudo.



Después lentamente fue abriendo sus piernas y por lo húmedo
de su jugo que había entre ellas simplemente resbalo mi pubis, al que solo
acomodé ligeramente al tiempo que la abrazaba tiernamente y la penetre despacio,
poco a poco, sintiendo cada centímetro de su estrecha vagina, con lo húmedo que
ya lo tenia y lo empapada que ya estaba ella resbalaba de maravilla dándome
tanto placer que creí ahogarme.



Comencé a arremeter contra ella sin prisas pero muy
fuertemente y ella daba pequeños quejidos de dolor que se mezclaban con gemidos
que quería ahogar, en eso para que no gritara además comencé a besarla con
delicadeza, una y otra vez la empalaba y la besaba cada vez mas fuerte y
metiendo cada vez mas mi lengua y mi pito. Hasta que se volvió a arquear y a
arañarme aprisionándome al mismo tiempo con sus piernas hasta que me llegó un
paroxismo, la catarsis sexual donde vi y sentí el cielo y sentí que mi macana
estallaba en mil pedazos de su punta y reventaban sus venas porque estaba
vaciándome dentro de ella con abundantes chorros y con gran presión que seguro
se estrellaba en su útero. Sentí como de tanto semen ya no cabía mi pene.



Instantes después de acabar me abandonaron mis fuerzas, era
como si cayera del paraíso a un barranco; entonces sentí una presión descomunal
en mi espalda y mi cintura y como si as afiladas garras de un puma me
desgarraran en tiras la piel de la espalda. Me asfixiaba y me están partiendo en
dos, me sentí desfallecer mientras oía sus gemidos celestiales y sentía sus
convulsiones violentas. Sentí como mi pito, mis huevos y mi pubis eran mojados
por mas de su jugo del amor y como ella también perdía sus fuerzas hasta relajar
hasta él ultimo de sus músculos. Estábamos empapados en sudor, tanto que se me
metía en los ojos, todo me sabia a ella y sal.



Ambos no teníamos fuerzas y estábamos exhaustos, así
abrazados, ella penetrada aún y medio muertos nos quedamos dormidos; Solo
recuerdo haberla besado y haberme quitado mi venda; también que ella con sus
últimas fuerzas jaló una colcha para taparnos a los dos.


Después no supe nada mas, excepto que esa noche fue la que
mejor había dormido en mi vida, me sentía un gran hombre y un semental de
primera, era un toro muy macho y me había cogido a mi yegua.



Desperté al amanecer y la escasa luz de la aurora se colaba
ya por la única ventana del cuartito, hacia frió y mi pene se había resbalado de
su vagina, me aparté un poco y la observe desnuda a la luz mortecina, seguíamos
mojados por el sudor pero era ya un sudor frío, supongo se enfrió durante la
noche. Así desnuda, inconsciente y sudada me pareció la mujer más excitante
sobre la tierra, dormía tranquilamente y su respiración era relajada.



No sabia que habría de suceder pero estaba dispuesto a TODO
por ella, olía a sudor y sal. La bese tiernamente en los labios, la abrace
pegándome otra vez hacia ella hasta sentir su aliento en mi rostro. Nos tapé de
nuevo y me ganó el cansancio, me volví a dormir más feliz que nunca…



No oí sonar su despertador ni sentí cuando se levantó y se
zafó de mis brazos; desperté alrededor de las 11 de la mañana y eso por el ruido
de la calle, porque la puerta del cuartito estaba abierta.



Al abrir los ojos no supe dónde estaba ni porque esta allí,
sino hasta después de recordar lo sucedido la noche anterior. Mire el
despertador, no de verdad que no había ido a la escuela, otro día de clases
perdido; me sentía pegajoso y relajado como cuando se descansa de un gran
esfuerzo. Me senté en la cama, aun flotaba un olor acre a pesar de estar abierta
la puerta y la ventana.



Me estiré muy larga y fuertemente todo mi cuerpo, moviendo
juguetonamente los dedos de mis pies; respiré hondo, me sentía bien. El cuartito
estaba desordenado (no era costumbre de ella arreglarlo), no vi mi ropa; Recordé
entonces que subí desnudo la noche anterior. ¿Cómo iba a bajar ahora?, Pues ya
había decidido arriesgarlo todo por una mujer, que más da que piensen los
vecinos?. Al cuartito no lo puede observar por dentro ningún vecino desde su
azotea, pero al bajar al menos seria posible que me vieran desde tres casas.



No me importó, seguía todavía con sueño, había descansado
pero no del todo. Busqué en las bolsas del almacén donde le compré su ropa,
busqué la bata de noche, pero no para ponérmela; la sujete hecha un paquete en
mi mano izquierda y salí del cuartito. Me importaba un bledo si alguien me veía
o no, me volví a estirar y sin prisas así completamente desnudo baje la
escalera.



Encontré a mi hembra trapeando el suelo de la cocina, traía
su uniforme de costumbre, estaba de espaldas, me le acerque y la abrace de la
cintura, ella se rió coquetamente y volteo su cabeza; entonces le quite un
broche que tenia en el pelo y la desgreñé. La besé con pasión de esposo que da
los buenos días a su mujer, ella se dio la vuelta sonriendo, nos abrazamos y nos
besamos tranquilamente.



En eso comencé a desabrochar su blusa, ella se separo de
inmediato, me dijo. -No puedo mas te lo juro, me estoy cayendo de cansancio-.
Pero no era mi plan cogérmela, no le hice caso y cuando termine de desabrochar
su blusa y la hube aventado a un rincón, comencé a desabrocharle el sostén e
igual lo avente. -De verdad que ahora no puedo-. Pero ya había bajado el cierre
de su falda y esta se deslizaba al suelo; para su tanga que estrenaba ahora, la
baje con los dientes al tiempo que acariciaba sus piernas. Con devoción le quite
las zapatillas bajas y le dije. -No, mi amor no te voy a coger otra vez, por el
momento, pero quiero que te quedes así toda desnuda hasta que llegue mi mama en
la tarde. ¿Entendiste?-. Me dijo que sí con un beso y un cálido abrazo; estaba
pegajosa, no sé había bañado aun. -Hazme el desayuno y rápido-. Le dije dándole
una sonora nalgada que al poco rato se le puso roja la nalga.



-Que quiere mi torito para desayunar?-. Me dijo. -Tú eres mi
hembra, tú debes de saber que me conviene-. Le dije y para sentirme mas macho le
di una ligera bofetada, a lo cual respondió apretándome los huevos hasta
doblarme, pero cuando me repuse le di otra bofetada, fuerte esta vez y le
ordene. -Responde!-. -Bien torito, tu yegua te va a preparar un desayuno muy
nutritivo para que sigas teniendo esa virilidad de semental-. Me dijo, y
continuó -Te voy a preparar un buen filete asado con bastantes papas y unos
huevos estrellados-. -¿Y el postre perra?-. Le grité al tiempo de darle otra
nalgada. -De postre cariño, te voy dar un yogurt de crema con miel para que
tengas muchas energías-. Me dijo maliciosamente. -¿Para que querría muchas
energías golfa?-. Le dije con enojo fingido. -Para hacerme tuya torito-. Me dijo
riéndose. -Eso me gusta linda, empieza ya mientras te castigo, por cierto
mientras los huevos estrellados no sean los míos...-. Dije, y nos reímos
largamente.



Espere hasta que tenia en el sartén en filete y le solté una
sonora nalgada que la hizo quejarse. -Eso es para que no me vuelvas a apretar
los huevos, ¿entendiste?-. Le dije muy serio -Perdón torito me deje llevar-.
Dijo algo confundida. -Que no se repita, además en estos días y gracias a ti
ellos piensan en lugar de mis neuronas, los uso ya en lugar de la cabeza-. Dicho
esto le arrime mi camarón y le solté otras dos nalgadas. A la tercera casi puedo
jurar que la oí gemir.



Como sea preparó desayunos para los dos, pues ella no había
desayunado aun y me platicó lo sucedido en la mañana:



Como me vio exhausto y había dicho que pensaba no ir a clases
no me despertó, tenia un frío horrible, mucho cansancio y sueño, y quería
quedarse a dormir a mi lado, pero sabia que si no bajaba a hacer el desayuno
para mi hermano y mis papas la iban a correr.



Entonces como pudo se vistió y bajo a hacer el desayuno; mi
mama la regañó por su aspecto descuidado y le pregunto por mí. Ella dijo que ya
me había ido a la escuela (pues yo siempre me voy antes que ellos, porque entro
mas temprano), comieron y se fueron; pero mi mamá para molestarla le dejo mucho
trabajo, por eso no subió conmigo después, ya que quería adelantarlo para cuando
yo despertara.



Desayunamos tranquilamente y desnudos, me pregunto si no me
daba frío y le dije que ya estaba acostumbrado a andar encuerado. Luego le conté
como casi me descubre anoche mamá y nos reímos de como todos ayer se comieron
literalmente mi semen y su flujo; también como les gustó pero lo encontraron
salado. Le mencioné que bajé su bata para que la estrenara después de ducharnos.



Entonces me dijo que si quería una cerveza, le dije que no,
pues yo no tomo, pero insistió tan tiernamente que acepté. También de improviso
sacó una de sus medias que tenia escondida, me la ató al cuello y me dijo:
-Torito, necesito asegurarme que no te me vas a descarriar por eso te pongo este
collar-correa, con todo mi amor-. Eso es para los perros-. Contesté, pero ella
dijo. -Y para ti, que es mas o menos lo mismo-. Lo dijo con autoridad y apretó
mas el nudo. En efecto parecía un collar y el extremo del encaje lo usaba como
manguillo de la correa, me beso y me dijo. -Si me amas déjatelo-. Eso era mas de
lo que podía objetar y le di gusto con su capricho.



Bebimos 3 cervezas y platicamos alegremente, yo como no estoy
acostumbrado ya estaba mareado y me estaba excitando, cuando llegamos al postre.
Del cual sustituí el pan donde iba la miel por sus tetas, las cuales lamía como
un cachorrito según ella.



Antes de que pasara a mayores consecuencias y viendo ella que
yo perdía el control, me jaló de su media que ahora era mi correa hacia el baño
de arriba, donde preparó el agua para que nos ducháramos, llevó con nosotros su
bata y dos cervezas, pues ella estaba como si no hubiera tomado nada.



En lo que preparaba la temperatura del agua me hizo beberme
otra cerveza y la restante se la vació en las tetas y yo la succioné de ahí.
Cuando estuvo el agua me quito mi collar de media y nos metimos a la regadera.
El agua estaba perfecta y nos bañamos el uno al otro pero estaba muy mareado y
no pude siquiera intentar cogérmela. Eso si, nos abrazamos, acariciamos y
besamos cuanto quisimos; al final ella se puso su bata de seda y por lo mojada
que estaba se le pego al cuerpo transparentándosele los pezones, yo me empecé a
secar con una toalla y la seguí pues fue a la recamara de mis padres y usó la
secadora de cabello de mamá para secarse el pelo, después tomó un perfume de
ella, abrió bien las piernas y se lo hecho en sus labios vaginales.



Yo como perro inmediatamente me acerqué a olfatearla.
Entonces tomó un collar de perlas de mamá y un barniz especial de uñas y se
sentó en la cama, yo me eché a sus pies y me dio el barniz para que se lo
pusiera, torpemente por lo mareado que estaba, besé sus pies y comencé a
ponérselo en sus uñas; mientras ella se ponía el collar y se miraba en un gran
espejo que había allí. Me decía: -¿Acaso no luzco bonita?-. Yo quería decirle
que se veía endiabladamente hermosa, con esas piernas de modelo, esos muslos
morenos que salían de las aberturas de la bata, esos pies de diosa que adoro
como a un ídolo, ese pelo azabache y largo y esa teta inflada que se le salía
por la bata a medio cerrar que por el agua se le pegaba al cuerpo y le remarcaba
el otro pezón que escondía. O ese cuello de cisne prieto con ese collar tan
elegante ajustado a su cuello.



Pero estaba ya borracho y no pude mas, me desplomé, así
arrodillado caí a sus pies, diría que estaba como flotando. Así que ella me tomó
y me llevo como sonámbulo a mi habitación donde se metió a la cama conmigo, me
abrazó y la bata se le abrió completamente por lo que pegué mi cuerpo al suyo,
ambos desnudos. Me puso una pierna encima, nos abrazamos y me pegue a una teta
de ella, la empecé a succionar como un bebe a un biberón, ella me estaba
amamantando tiernamente. Entonces nos quedamos dormidos hasta en la tarde.


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Relato: Mi Sirvienta, mi hembra y mi dueña (2)
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