Relato: El bultito de mis hijas







Relato: El bultito de mis hijas

EL BULTITO DE MIS HIJAS


Hola. Me llamo Rafael y espero que me recuerden de las
anteriores historias que vine a contar, en las que, a su debido tiempo, tomé a
mis dos hijas por amantes (para más detalles, leer la
y

parte). Debido al éxito de ambas historias, vuelvo para acabar seguir contando
lo ocurrido y desvelar lo que pasó después de que mi pequeña Julia se hiciera
mujer conmigo una noche que su madre y su hermana mayor se habían ido de crucero
con un amigo mío. La historia continúa, precisamente, donde la dejé…



Tras volver de su viaje en el yate de Darío, Rosa me había
contado lo mucho que había disfrutado del crucero y con disimulo me había
guiñado un ojo, insinuándome que allí había pasado más de lo que me había
contado. Me había dejado en ascuas, con lo que entré en una necesidad espantosa
y morbosa de saber qué había pasado. A menudo preguntaba a Rosa por lo ocurrido,
pero ella se hacía la sueca conmigo, a veces incluso me ignoraba
deliberadamente, lo que solo me ponía más y más ansioso de que me contase que
había sucedido. El tener un secreto con el que jugar conmigo la volvía loca de
contenta, podía verlo en su cara, pero a mí me exasperaba constantemente. Llegué
a un punto, en el que creí enloquecer de verdad, y tal exaltación me hizo, al
cabo de un mes, urdir un plan jugar con ella como ella jugaba conmigo: cesé de
pronto de preguntarle por aquello, sin dar la más mínima explicación. Ella no me
preguntó por qué ya no insistía más, claro que tampoco imaginaba mis intenciones
jejeje. Esperé al fin de semana siguiente, y en cuanto mi mujer se fue a
trabajar Rosa y yo volvimos a las andadas: yo me encontraba sentado en mi sillón
favorito mientras ella acogía mi verga en sus amorosas manos, recorriéndola con
la lengua y bendiciéndola con sus carnosos labios.



-Mmmm…mmmmm…mmmmmmm…eso es hijita mía, sigue así, lo haces
muy bien…chúpamela toda ¿eh?...uuuuuuuuuuuufff que bien…



-Me encanta verte empalmado Papá…adoro tu polla rica…te la
estaría mamando hasta el fin de los tiempos…mm mmmm mmmm mmmmm…¿te gusta como lo
hago papi?...¿verdad que lo hago bien?...



-Sí mi amor…muy bien…oooooooooooohh que boquita tan
linda…así, asíiiiiiiiii…que bien la chupaaaaas…aaaaaaah que delicia…



Durante varios minutos más estuvo jugando con ella en sus
manos, entreteniéndose con su juguete favorito hasta que abrió la boca y empezó
una señora mamada que me ponía loco. Mi niña había aprendido maravillas en el
arte de la felación, y cada vez me las hacía mejores. Aunque me costaba tener
los ojos abiertos debido a la forma tan bestial de mamarla, procuraba no perder
detalle de cada maniobra de Rosa con mi polla en su boca. Con sus ojazos verdes
me miraba con complicidad sin dejar por un segundo de venerar cada centímetro de
mi virilidad. Cuando ya no pude más la hice parar y me dispuse a devolverle el
favor: la senté en el sillón, la desnudé lenta y de manera sexy, y me lancé a
probar los preciosos jugos que le salían al poco de meter mi lengua por ella.



-Aaaaaaaaaaayyyyy papito que bueno eres…te quiero papiiiii…te
quiero mucho, no te pares por favor…dame más, dámelo todo…asíiiiiiii…



En cuanto comencé a beberme sus jugos supe que Rosita ya
estaba en el séptimo cielo. Su carita no tardó en sonrosarse de manera sublime,
estaba preciosa con sus mejillas ruborizadas, sus ojos cerrados y su boca
abierta gimiendo sin parar con mis caricias. Llevé mis manos a sus tiernos
pezones y jugué con ellos tomándome tiempo para disfrutar de su tacto, del roce
natural de su tersa piel con la mía. Me encontraba obnubilado con la belleza
sexual de mi hija mayor, y mi lengua no cesaba de penetrarla por su conchita
empapada en riquísimos jugos que bebía como un niño glotón. Sus manos se posaron
sobre mi nuca y me indicaban donde debía darle placer, y luego ayudaban a las
mías a jugar con sus tetas. Me prodigaba en lamerla cuanto más mejor, la quería
lo más cachonda posible, cuando de repente oí:



-Fóllame Papá, necesito que me folles…venga, entra en mí…



Se abrió sobre el sofá mostrándose en todo su esplendor.
Estaba para hacerla una foto: desnuda, totalmente abierta de piernas y con su
cuerpo preparado para el placer. Fue entonces que dije con desdén:



-¡Bah!, ahora no me apetece. Ya lo haremos otro día.



Me levanté para irme al despacho sin siquiera mirarla: Rosa
quedó atónita. No se podía creer que la dejara con las ganas, y de inmediato se
levantó y me cogió del brazo.



-No puedes dejarme así…vamos a la cama papá…lo haremos en mi
cama…



-No, no me apetece, no insistas.



-Por favor papi, tengo ganas de hacerlo…por fiiiiiiii…haré lo
que sea papito lindo…haré lo que me pidas pero hazme el amor…



-¿Lo que quiera Rosita mía?.



-¡¡Sí!!.



-¡¡Pues dime que viste en el yate de Darío!!. Dímelo y lo
haremos.



Quedó pillada por sorpresa y fue cuando vio mi intención.
Sonrió con malicia y aceptó, así que nos fuimos a su cuarto y me dispuse a
escuchar su relato.



-Me encontraba en cubierta yendo de un lado a otro mientras
Mamá y la mamá de Jennifer-la hija de Darío- estaban juntas todo el rato
charlando como cotorras-eso me hizo reír mucho-. De repente que sentí ganas de
ir al baño y bajé a las habitaciones buscando el baño, y pasando por uno de los
camarotes, vi que la puerta estaba entornada, y escuché a alguien diciendo "Por
favor Papá quiero hacerlo, lo necesito". Me asomé y vi que era el señor Darío y
Jennifer. ¡Estaba desnuda Papá, desnuda sobre la cama!. El señor Darío le dijo
que "Ahora no, Mamá está cerca y podría descubrirnos, pero una mamada rápida sí,
¿te vale?". Ella asintió y vi como le bajó la cremallera y empezó a felársela.
Me puse húmeda Papá, me mojé sin parar viendo como Jennifer iba chupándosela a
su padre: primero usó la lengua sobre la punta del glande, y usaba las manos
para masajear sus testículos. Lo mimaba como una profesional, le hacía cosas que
yo ni siquiera imaginaba. La cara del señor Darío era algo impagable, estaba en
éxtasis. No sé cuanto duró aquello, pero estuvo mucho rato jugando así hasta que
la vi abrir la boca y mamarla como una desesperada.


»Incapaz de contenerme empecé a tocarme en mi rajita, primero
lentamente, masajeándome a la vez mis pezones por fuera de la ropa. Estaba a
tope, me encantaba hacer de mirona, y me encantaba más ver como Jennifer chupaba
y chupaba como una loca de la verga. Incluso creí que era yo quien se lo hacía
al señor Darío. Me calenté imaginando que era yo quien se la mamaba, y era una
buena tranca, algo más larga que la tuya, pero no tan gruesa. Se me humedecía la
boca de ver como Jennifer se lo tragaba todo. De golpe y porrazo él lanzó un
largo gemido y supe que se había corrido, y ella tragó y tragó hasta no dejar ni
gota. Vi como lo miró con deseo pidiendo más, pero él le dijo "Sigues siendo mi
pequeña mamadora. Ahora de he subir, pero volveré lo antes posible y te prometo
que en cuanto podamos pienso ponerte como las perritas y empalarte hasta
sacártela por la boca". Al ver que salía fui rauda al baño para no ser
descubierta, y por una rendija de la puerta vi como se alejó a cubierta suspiré
de alivio.


»Tenía la cabeza llena de imágenes lascivas, de cosas que me
encendían. De inmediato me desnudé totalmente y empecé a dedearme allí mismo.
Era la primera vez que me pajeaba papito, y fue maravilloso-me dijo con una
sonrisa de oreja a oreja-. Lo primero fue tocarme el clítoris y jugar con él
usando el dedo índice, y con la otra mano me iba toqueteando los pezones para
ponerlos duros. Me sentía tan bien papito, tan a gusto…me acariciaba, me gozaba,
disfrutaba de mi cuerpecito bien formado: me tocaba mis empitonadas tetas,
acariciaba mi vientre liso, luego seguía por las piernas y volvía a mi empapada
fuente de placer. No podía detener mis escarceos, no quería. A la vez que me
dedeaba recordaba la felación de Jennifer a su papá, y me imaginé que era yo
quien se la hacía, era mi boca la que se lo mamaba, era mi lengua la que la
degustaba…Eso me excitó más, así que aceleré mis dedos y los metí dentro de mi
conchita, tenía tres bien adentro y los movía a toda velocidad. Gemí, jadeé, y
por fin, ¡¡estallé!!. Había disfrutado como una loca y había tenido un orgasmo
sensacional. Luego, cuando me vestí e iba a salir, me di cuenta de que no había
cerrado la puerta. De haber entrado cualquiera, me habría descubierto. Fue
excitante.


»Al volver a cubierta, pasé de nuevo por el camarote donde
estaba Jennifer y escuché una voz de hombre. Pensé que era su papá otra vez, y
como la puerta solo estaba entornada, me asomé a ver.



-¿Lo era, verdad-pregunté con ansia-?.



-No, Papá, no lo era: se trataba de tres amigos del señor
Darío, gente a la que vi en cubierta hablando con él antes de bajar. Jennifer
estaba con ellos ¡¡y se la estaba mamando a los tres!!. Los tres tenían buenas
vergas, y ella iba de uno a otro mamando como una perra en celo. Nunca creí que
Jennifer fuera tan caliente papito, estaba anonadada-a lo que me reí no solo por
su comentario si no por las cosas que Darío me había contado de ella en su día-.
Iba de una a otra, y cuando no estaba chupando una, la mantenía erecta con sus
manos. Pajeaba, mamaba, volvía a pajear…era de locura, y dios mío, volví a
ponerme caliente en seguida. Antes de darme cuenta ya me estaba metiendo mano
como una posesa viendo como Jennifer hacía malabarismos para jugar con tres
trancas a la vez. Cansada de mamar se puso en la cama desnuda y abierta e invitó
a los amigos de su papá a ir por ella. Los tres se desnudaron con rapidez y
empezaron a atacarla sin tregua: dos comían sus tetas y uno su panocha,
intercambiándose cada poco tiempo, se besaban apasionadamente con ella, lengua
con lengua, parecían auténticos enamorados.


»Masajearon su cuerpo por todas partes, lo besaron una y otra
vez, desde sus pies hasta su frente y su pelo y vuelta. Incluso introdujeron
deditos por su orto, y a ella le gustó a tenor de sus gemidos. Cansados de lamer
la pusieron en posición y lo que vi nunca lo hubiera imaginado: uno la tomó por
el orto, otro por la panocha y el tercero por la boca. ¡Estaba totalmente
rodeada de vergas!. Ojalá hubieras podido verlo papito. Quedé fascinada, y
quiero que sepas que un día yo también quiero hacerlo. La cara de Jennifer
mientras los tres machos se la beneficiaban era un auténtico delirio, una
maravilla. Parecía que le iba la vida el intento. Fue culeada, follada y mamó
mucho tiempo, ni siquiera sé cuanto. Además, ella los animaba jadeando como una
perra, les decía "háganme lo que quieran, prostitúyanme, envícienme, forníquenme
con todas sus fuerzas". Excitados por ello la vi gemir de dolor cuando dos de
ellos se la metieron a la vez por su conejito, y como no, al tercero se la chupó
para no dejarlo de lado. Poco después se turnaron y se lo hicieron por el orto.
El que quedaba libre tapó su boquita con su verga y así evitó que gritase, y se
la metieron por todas partes hasta dejarla cubierta de lechita. Al final uno de
ellos soltó un fajo de billetes y le dijo "A las putas se las paga. Esto para
ti, te lo has ganado". ¿Y sabes que dijo ella?. En vez de enfadarse dijo
contenta "Gracias, pero la próxima vez te pediré más dinero, que yo lo valgo, ¿o
no soy una buena putita?". El amigo lanzó otro fajo y ella los besó a los tres.
Cuando salieron me oculté de nuevo en el baño, y cuando volví a cubierta,
Jennifer estaba allí con su vestidito de volantes sonriendo como si nada hubiera
pasado.



¡¡Virgen misericordiosaaaaaaaaaaa!!. Menuda historia, que
calentón llevaba encima. La tenía tan dura como para partir un muro de
ladrillos. Cogí con fuerza a Rosa poniéndola debajo de mí y sin preámbulos la
penetré. No me sorprendió notar que ella estaba húmeda después de contarme su
secreto. Estaba tan salido que solo podía pensar en gozarlo a lo salvaje, a lo
bestia, en plan violador. No sé como ella supo ver mi intención y se abrió del
todo para rodearme con sus piernas diciéndome que aceptaba hacerlo así. Ambos
estábamos muy necesitados, y muy cachondos.



-¡ASÍIIIIIIIIII! SÍIIIIIIIII MÉTEMELA
PAPIIIIIIIIIIIIII…FÓLLAME VIVA, HAZME TUYA, REVIÉNTAMEEEEEEEEEE…



Me incorporé ligeramente apoyando las manos en la cama para
tener un punto de apoyo y subí la intensidad de los bombeos todo lo que pude.
Era presa incontenible de un arrebato de pasión como hacía tiempo no tenía.
Estaba desbordado de lujuria, me chorreaba por los cuatro costados. La carita
desencajada de placer de mi hija mientras hacíamos el amor era indescriptible:
se convulsionaba y retorcía de un lado a otro, gemía con los dientes apretados,
me arañaba la espalda desesperadamente, buscaba retenerme apretando sus piernas
alrededor de mi cintura, me pedía con gritos de lujuria que la llevase hasta los
confines del mismo universo. Éramos como una turbulenta y vertiginosa caída en
picado desde miles de metros de altura, nuestras sensaciones estaban al límite.
Volví a ponerme sobre ella y la besé con angustiosa necesidad, me revolví en la
cama con ella, la puse encima mío un poco para que me cabalgara tal como yo la
estuve penetrando y desde luego me montó a horcajadas retorciendo y estrujando
mi miembro con sus paredes vaginales, me exprimía como si pretendiera dejarme
vacío. Al echarse sobre mí volvimos a girar para volver a como estábamos antes,
ella puso sus manos en mi culo para apretarlo y ordenarme que la martillease más
fuerte, yo apreté mis acometidas y llevados por la pasión del momento ella y yo
explotamos como un millón de supernovas a la vez.



-¡¡PAPÁAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!…



-…¡¡TE QUIERO TE QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOO!!...



Quedamos derrumbados sobre la cama abrazados y dándonos
besitos a diestro y siniestro. Nos estuvimos acariciando el pelo, nos miramos a
los ojos como si fuésemos enamorados, nos sonreímos…Ambos estábamos jadeando por
el esfuerzo, había sido demasiado. Acaricié todo su lindo cuerpo que con
angustia buscaba pegarse a mí todo lo posible. Parecía como si estar lejos de mí
fuera algo insoportable. Vi esa angustia en sus ojos y la calmé con piropos y
caricias, y sonreí cuando ese miedo desapareció. Jugamos a entrelazar las manos
y me las besó con sus ojitos llenos de amor. Fueron los minutos más intensos de
toda la noche.



-Papá, ¿si yo tengo novio podremos seguir haciendo esto?.



No me hizo falta mucho para comprender que se había fijado en
alguien según me preguntó eso, y que de ahí venía su miedo, así que le dije la
verdad:



-Sólo si tú quieres mi amor. Ya sabes que depende de ti.



-Gracias papito. Eres el mejor.



Nos besamos de nuevo y sonreímos con ternura. Había sido un
polvo excepcional, pero yo necesitaba más. No podía creerlo pero ya estaba
empalmado de nuevo, y eso no era habitual, no tan pronto. La narración de Rosa
me había sobreexcitado y ahora debía calmar mis ansias. Tan salido me encontraba
que solo una cosa podría calmarme, así que me levanté de la cama de un salto.



-¿A dónde vas papaíto?.



-A ver a tu hermana, y tú vienes conmigo, me vas a ayudar.



Fuimos juntos al cuarto de al lado y allí estaba, durmiendo
el sueño de los justos. Era como un ángel. Con cuidado la besé en la frente y
luego en los labios. Luego la acaricié y ella despertó con la más candorosa de
sus sonrisas.



-Hola papi.



-Hola mi amor. Lamento despertarte, pero es que te necesito.
Mira como estoy-dije señalando con la vista mi visible erección-. Vengo para
darte lo que tanto tiempo llevas pidiéndome.



Se le iluminaron los ojos cuando se lo dije. Por fin yo había
cedido a sus muchas súplicas.



-Tu hermana nos ayudará para que no pase nada malo y para
apoyarte en todo momento. ¿Lista preciosa?.



-Lista papá.



-Pues ponte en posición, y tú Rosa ponte debajo de ella.



Julia se desnudó a toda prisa y se colocó con las manos
apoyadas en la cabecera de la mesa, a cuatro patas. Rosa se colocó debajo de su
hermana como pedí y yo me acerqué por detrás de mi hija pequeña, acariciándola
con paciente lentitud y masajeando su conchita y su orto.



-Que afortunada eres, cuando a mí me pasó no tuve una ayuda
como ésta-dijo Rosa-.



-Sí que lo soy, pero de tener una familia que me ama tanto
como yo a ella.



Tanto Rosa como yo esbozamos una amplia sonrisa de orgullo.
Luego proseguí mis caricias hasta que reemplacé mi dedo por mi lengua,
practicando el beso negro en el orto de mi pequeña para sensibilizarle esa parte
que iba a ser mía. Rosa acariciaba a su hermana y se miraban como cómplices,
cogiéndose de las manos y acariciándose un poco. Los gemidos de Julia ya eran
prominentes a esas alturas, y Rosita me miraba con picardía esperando no
perderse ni un solo detalle del evento, pero antes de intentarlo, me acerqué
para que ambas preparasen la herramienta de trabajo.



-Anda, sed buenas y besádmelo un poco, así hará menos daño.



Muy obedientes ambas me lo jalaban a gusto. El ver a mis dos
pequeñas mamándome a la vez era una imagen que difícilmente olvidaría nunca. Sus
manitas y sus lenguas succionaban y acariciaban a la par: cuatro manos y dos
bocas bendecían cada milímetro de su adorada verga hasta dejármelo a punto de
nieve. Fue cuando cada uno volvió a la posición asignada preparándonos para el
ansiado momento: la punta de mi manubrio chocó con su orto intentando entrar,
pero aún estaba algo cerrada a pesar de mis esfuerzos. Julia gimió con fuerza y
se agarró a Rosa entrelazando sus manos. Yo proseguía mis intentos de desvirgar
su lindo orto, cosa que conseguí a la cuarta vez. Ella lanzó un chillido de
dolor y Rosa la confortó besándola intensamente a la vez que miraba como yo me
hundía entre las nalguitas de mi pequeña. Me quedé quieto sintiendo la
maravillosa opresión de su recto alrededor de mi pene y mirando como ambas se
besaban de forma sensual, provocándome intensas sensaciones. Nunca pensé que
verlas morreándose como posesas me pusiera a cien, pero así era. Me curvé sobre
la espalda de Julia y yo también quise participar besándome con las dos. El
inesperado trío que nos habíamos montado era demencial.



-Mmmmmmmmm…¿ya está bien metida papi?...uuuuuufff me has
llenado de ti papi, te siento muy dentro mío…



-Compruébalo mi amor, tócalo para ver lo adentro que la
tengo…



Guió su manita y tocó mi miembro para comprobar que, tal y
como dije, estaba totalmente hundido entre sus tersas nalgas. La forma en que me
tocó y palpó para notar como había entrado era deliciosa, eran como suaves
caricias.



-¿Te gusta notarla dentro, verdad?.



-Uuuuuuuuff sí que me gusta…vamos papá, dame por el
culo…quiero que me des por el culo-pidió con angustiosa necesidad-…



-Vamos allá Julita, y agárrate a tu hermana: este viaje
tendrá muchos baches y vas a salir rebotando por todas partes.



Tanto Rosa como Julia se rieron entre dientes. Yo acaricié el
precioso culo penetrado de mi hija menor, luego me ensalivé un dedo para pasarlo
por su vulva fresca y húmeda y sin prisa pero sin pausa empecé mis contoneos con
las caderas, iniciando una penetración serena. Quería disfrutar al máximo de esa
primera vez por el orto de mi pequeña y no correrme demasiado pronto. Ella
suspiraba y gemía sintiendo como mi miembro se deslizaba entre las paredes de su
dilatadísimo ano, se aferraba a Rosa y ésta la acariciaba y mimaba con sus manos
y sus besos. Sin comerlo ni beberlo estábamos cumpliendo el anhelado sueño de
estar los tres juntos, y era una locura. Rosa se volvía loca devorando las tetas
de su hermana, las comía y chupaba con gran deleite; yo procuraba seguir el
bombeo dejando que cada penetración fuera para ella una riada de sensaciones
encontrada; y ella se dejaba llevar por la verga de su padre y las manos y boca
de su querida hermana mayor. Cuando alcanzamos un ritmo común nuestro deseo
había crecido tanto que me había lanzado a la desenfrenada, culeándola más
fuerte y salvaje y enseñándola a aguantar el dolor para convertirlo en placer.
Rosa y yo masajeábamos su panocha al unísono hasta que cogí por las caderas a mi
pequeña y me sentí como una locomotora sin frenos de lo rápido que estaba
haciéndoselo. Sus jadeos resonaban por todo su cuarto al igual que el sonido de
mis caderas contra sus nalgas. Estábamos a tope, nos sentíamos pletóricos.
Queriendo disfrutarlo más la propia Julia empezó a menearse para seguirme el
ritmo de mi acometida y Rosa se había girado para comerle la vulva a su hermana
y que ésta hiciera lo mismo, o al menos que la masturbara. Como si fueran
oleadas provocadas por un maremoto el orgasmo nos fue sacudiendo cada vez más
intensamente hasta que finalmente fuimos arrollados por él.



-Ahh ahh aaahh aaahh aaahh aahh aaahh aah aahh…ya viene, ya
vieneeee…¡¡me corro Julia me corrooooooooooooooo!!…



-¡¡Síiii papiiii dame más fuerte sigue sigueeeeeeeeeeeee!!…



Fue como llegar a las puertas del cielo. Varios chorros
salieron de mi verga para llenar su culito de mi leche caliente y ella se
relamió al notar como es le escurría entre las nalgas. Cuando se la saqué estaba
al rojo vivo, pero Julia estaba más radiante que nunca. Centrándonos un poco en
Rosa ambos la estuvimos calentando hasta que también lo gozó siendo presa de
nuestros besos y nuestro amor. Cuando miré a mi hija pequeña ésta me miraba con
los ojos brillantes, exultantes de júbilo.



-Ha sido genial papuchi. ¿Me darás por el culo más veces-me
preguntó ilusionada con su vocecilla dulce-?.



-Claro que sí preciosa mía, a ti y a tu hermana. Os quiero.



-Y nosotras a ti-dijeron a la vez-.



Se rieron como dos niñas. Yo me sentía el padre más
afortunado por tener a dos hijas tan bellas y amorosas. Les dije que antes de ir
a dormir me lo chuparan para que tuvieran ración de leche. ¡¡La virgen!!, casi
se daban de bofetadas por ver quien me lo mamaba más tiempo. Las calmé diciendo
que lo hicieran a la vez, y casi me arrancaron la vida. Era increíble sentir dos
bocas chupándome. Al final volví a correrme y lo hice en sus bocas para que se
lo tragaran todo, y lo hicieron como sibaritas. Después de eso ellas fueron a la
cama y yo también, con un sentimiento de orgullo que no me cabía en el pecho.
Había sido una noche triunfal.



A la mañana siguiente lo primero que hice fue llamar a Darío
y contarle todo lo ocurrido con pelos y señales. Él quedó estupefacto y me
ordenó, cuanto antes, que encontráramos el momento para llevar a cabo nuestro
plan secreto orquestado ya hacía tiempo. Buscando un hueco en nuestras agendas,
tuvimos suerte y encontramos la oportunidad que tanto anhelábamos en las
vacaciones de verano, aunque tuvieron que pasar un par de meses hasta que
tuvimos vía libre para llevar a cabo el tan ansiado proyecto.



Darío, aparte de tener yates y coches, también poseía una
casa en una isla a varios días en barco(la isla no era suya, claro está), que
solía usar como casa de verano para vacaciones, y lo que fuera. Como estaba
apartada de las ciudades del lugar, estaba garantizada toda la intimidad que él
y yo necesitábamos, así que, cuando le dije a mi esposa Teresa y a mis hijas de
ir allí a pasar las vacaciones, casi me comieron a besos las tres. Un par de
días después ya estábamos en el muelle subiendo al barco de Darío, el Vesta,
donde estaban su mujer(Herminia) y Jennifer, de la que no podía apartar la
mirada debido al relato de Rosa, y poco faltó para empalmarme allí mismo
viéndola en bikini resaltando sus curvas.



Un día después de llegar allí, Darío y yo cogimos las cañas
de pescar(había buena pesca en una cala cercana) y pedimos a las niñas que
vinieran con nosotros para que aprendieran. Aceptaron encantadas, y Herminia y
Teresa, tan cotillas como eran, prefirieron quedarse charlando de famosillos y
otras cosas, con lo que ya estaba todo arreglado. En cuanto llegamos a la cala,
que estaban lejos del alcance de todos, dejamos las cañas junto a la pasarela
bien encajadas para que no cayeran y los cinco bajamos a los camarotes para
cumplir nuestro proyecto: intercambiarnos a nuestras hijas.



-Hijas, quiero que vayáis con el señor Darío y que hagáis
todo lo que os pida, ¿de acuerdo?. Debéis obedecerle en todo, por qué Jennifer
hará lo mismo conmigo.



Ambas asintieron y fueron con Darío, mientras que Jennifer
vino hacía mí contoneándose y provocándome con su carita de ángel. Tenía unas
proporciones perfectas para sus 16 años, sensuales, frescas, muy apetecibles: su
carita marmólea, con sus ojos azulados y su pelo castaño claro(liso y corto) se
antojaba irresistible. Era una dulzura sublime combinada con la más caliente
perversión.



-Hola Jennifer, ¿lista para satisfacerme?.



-Haré todo lo que me pidas. Seré tu más fiel esclava y tu
puta más caliente.



Bufffffff que niña, menuda zorra.



-Entonces quiero que bailes para mí, que te contonees y te
vayas quitando la ropa, pero no te desnudes, quédate con las braguitas, o el
tanga, o lo que lleves puesto.



Ni corta ni perezosa, aunque no había música, empezó a bailar
como una auténtica gogó de discoteca. ¡Que contoneos, que golpes de cadera!. De
gogó pasó a streaper y empezó a quitarse ropa, mientras que de lejos veía
encantado a Rosa mamando a Darío mientras éste descubría las delicias de la
panocha de Julia. Jennifer, con la mirada lasciva, ardiente, me desafiaba a
seguir mirándola mientras su cuerpo se movía. A veces parecía J-Lo, a veces
Stacy Ferguson(la chica del grupo Black Eyed Peas)…La virgen con Jennifer, era
una diablesa surgida del infierno para tentar a los hombres, era un bicho de
mucho cuidado. Ya me estaba tocando todo empalmado y ella ni siquiera se había
quitado el sujetador. Mi vista se posaba directamente en la parte baja de su
bikini, donde destacaba un bultito prominente, visible, y sobretodo apetecible.
Jennifer siguió bailando y se desnudó de cintura para arriba. ¡¡Guau!! que
pedazo de tetas me dejó ver, parecían las de Traci Lords o Angelina Jolié. Ya me
parecía que eran algo grandes para su edad, pero no me imaginaba eso, y lo mejor
es lo firmes que estaban. Tenía la polla a reventar, a punto de nieve. La hice
venir hasta mía y comencé a frotarla por encima del bañador.



-¿Sabes que es lo que más me gusta?. Frotarte este bultito
por encima de la ropa. Lo hago siempre que puedo con mis hijas y a ellas les
encanta. ¿A ti te gusta?.



-Mmmmmmmmmmmm…nunca me habían hecho esto…siempre me metían
mano por dentro de la ropa…me gusta mucho…se siente delicioso…por favor déjame
ver tu polla tiesa…déjame que te la mame…



Ante semejante petición no iba a decirle que no, así que me
desnudé del todo y le dejé ver mi amoratada erección. Jennifer se arrodilló y
empezó a pajearme un poco mientras probaba el sabor de mi verga con su lengua.
Queriendo saber que tal iba Darío con lo suyo, miré y vi como ahora era Julia
quien se tragaba toda la herramienta de él mientras Rosa se dejaba chupar, y por
las caras que ponían, se notaba que lo estaban pasando de miedo. Yo seguí a lo
mío llevando a Jennifer a la otra cama(eran dos pequeñas que se ponían juntar
como una grande, pero que ahora habíamos separado para la ocasión) y montándonos
un 69 de infarto. Después de un largo rato de tocar su bultito hasta ponerlo más
tenso que una cuerda de piano aparte el bañador y observé una vulva
sorprendentemente abierta, y no cerraba nunca. Menuda caña debía estar
recibiendo cada día, pensé. A la primera lametada su cuerpo se tambaleó de parte
a parte, respondiéndome con un lametón desde la base a la punta de mi glande que
me erizó la piel. Antes de darme cuenta Jennifer estaba chorreando sobre mi cara
como una catarata, su cuerpo era una máquina de sexo que reaccionaba a la mínima
ocasión, al más leve roce. Sus jugos eran pura lujuria y me los bebía a toda
prisa, pues chorreaba mucho. Del mismo modo, Jennifer devoraba el esmegma que me
salía de la verga y seguía chupando queriendo sacarme la leche, pero eso debería
esperar.



Excitado justo al límite del orgasmo, me salí de ella y la
tumbé en la cama abierta de piernas. Ella se dejaba hacer y me miraba con deseo,
me pedía "vamos señor Rafael, fóllame….fóllame viva, destrózame con tu manubrio,
empálame ya". Una petición que pensaba cumplir jajajajaa. No me anduve con
delicadezas y la penetré de una sola estocada, hundiéndome en ella todo lo que
podía. El ardor de su cuerpo me quemaba, me ardían todos y cada uno de los poros
de mi piel. Con rapidez empecé a trabajármela, empujando con ritmo de martillo
pilón y ella me ayudaba cruzando sus piernas por mi cintura para sentir todo mi
miembro dentro suyo. Estaba echando un polvo espectacular, realmente alucinante.
Esa chica era una verdadera folladora, una gran jodedora de padre y señor mío.
Si se hubiese dedicado al porno no lo haría mejor. Mi verga iba y venía de ella
cada vez más rápido, mis ansias por gozarlo crecían en progresión geométrica y
ella no dejaba de gemir gozar y moverse debajo mío. Llevé una mano a su culo y
se lo apreté con fuerza para aferrarme más a ella, apreté un poco más y
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH…Oh díos mío, había sido un orgasmo fulminante. Llené su
concha de mi leche y me tumbé en la cama llevándome la mano a la cabeza para
quitarme las perlas de sudor.



-¿Ves como mi hija era una zorra-me dijo Darío mientras
estaba empezando a tirarse a Rosa-?.



-Es una fiera, una auténtica cerdita, una puerca, una golfa
barata…



-Dime más guarradas-me dijo-, me gusta que me insulten, que
me sodomicen, que me fuercen, me gusta que me peguen, que me manden, me encanta
que me pongan vestiditos para fetichistas y me encantan los dúos lésbicos…yo
vivo para follar…



-¡Pues ponte a cuatro patas puta asquerosa, que ahora vas a
sufrir!. ¡¡Pienso dejarte el culo más ancho que el Arco del Triunfo!!.



Se puso sin rechistar y la penetré en seco, sin esperar nada.
La muy guarra se agarró a la almohada para soportar la embestida y me puse sin
dilación a culearla. Realmente tenía un culo exquisito, digno de una diosa. En
cuanto la tuve penetrada comencé las endiñadas más salvajes que jamás di,
querían reventarla, partirla en dos, deseaba verla sufrir mientras mi verga se
abría paso por su orto. No estaba seguro de si le destrozado el orto como
merecía, pero desde luego yo lo iba a intentar por todos los medios. A la vez
que enculaba a esa loca de la verga podía oír los enormes jadeos de Rosa, que
estaba a punto de gozar con Darío(y Julia a su lado con cara de loba hambrienta
deseando ser la siguiente). Mi niña follaba a la perfección, Darío se lo pasaba
bomba sacando y metiendo su enorme palo de las entrañas de mi adorada hijita.
Queriendo gozar a la vez que ella me esforcé en acelerar las acometidas y
embestir el culo de Jennifer a lo loco. Para acelerar el clímax deslicé dos
dedos por su vientre hasta su panocha y se la masajeé febrilmente, ordenando
luego que se lo hiciera ella misma. La apreté por las tetas, las estrujé y arañé
reteniéndola muy apretada contra mí, seguí dándola duro y a los pocos segundos
de escuchar el grito de Rosa al gozar Jennifer y yo también explotamos de lo
lindo.



-Uuuff que orto, que puta eres…goza Jennifer goza…eres una
putona, voy a llenarte el culo de lecheeeee …AAAAAAAAAAAHH…



-Oh sí que bien llénamelo párteme en dos dame duro no pares
dame por el culo dame dameeeeeeeeeeeee…AAAAAAAAAAAAAAAAHHH…



Quedé tirado en la cama pletórico de alegría. Había sido la
enculada más increíble de mi vida, mejor que las que hice a mis niñas. Jennifer,
a mi lado, se sacaba el semen que se le escurría entre las nalgas y se lo comía
que daba gloria verlo. Era una viciosa en toda regla, Darío no exageró ni un
ápice cuando me había contado lo putita que era su pequeña tiempo atrás. Éste,
por su parte, había dejado que Rosa recuperase fuerzas y ya estaba centrada en
pasarse por la piedra a Julia, quien estaba de lo más feliz haciéndole una
mamada, y solo era el principio de una tarde repleta de placeres increíbles.
Como habíamos salido poco después del mediodía, teníamos unas 7 ú 8 horas por
delante para disfrutar todo lo que quisiéramos. Las tres fueron enculadas y
folladas hasta que casi nos dejaron vacíos, y como colofón Jennifer, la
ninfómana insaciable de las tres, se folló a mis hijas delante nuestro. Nunca
había visto a Rosa y Julia tan espléndida como cuando la hija de Darío las usó
como le dio la gana, tocándolas y follándolas hasta que se corrieron como si
fuesen jovencitas violadas. Para cuando volvimos, nosotros dos nos habíamos dado
un apretón de manos como verdaderos cómplices, y ellas ya eran oficialmente
nuestras fieles ninfas del placer.



Fue el mejor verano que pasé nunca. Jennifer venía todos los
días a provocarme, exhibiéndose en bikini y dejándome ver lo que ocultaba cuando
nadie miraba, relamiéndose con la lengua para decirme que quería polla a todas
horas. Por su parte, Rosa y Julia hacían lo propio con Darío, y como eran dos en
lugar de una, sabían jugar entre ellas para volverlo loco. Cuando miraba hacia
ellos y veía lo que hacían con él me invadía un sentimiento de orgullo pues
sabía que eso era creación mía. Los cinco follamos en todas las habitaciones de
la casa, pues Herminia y Teresa salían a pasear al pueblo, al otro lado de la
isla, y nos dejaban vía libre para corrernos a rabiar. A petición de Jennifer,
que era la más veterana de las tres(según supe más adelante, pues ya desde los
10 añitos venía siendo la putita de su papi), Darío y yo probamos la doble
penetración no solo con ella si no con mis hijas, y lo hicimos con un espejo
delante nuestra para ver en primer plano la cara de rabiosa satisfacción que
ellas ponían cuando sentían dos pollas penetrándolas. Por cierto que la doble
penetración fue probada en sus cuatro variantes: una verga en la panocha y otra
en la boca; una en la panocha y la otra en el orto; dos por la panocha y
finalmente dos por el ano. Me parecía imposible que ambas entrasen en el mismo
sitio, pero así fue. ¡¡Magistral!!. Aquellos dos meses no hubo más cosa que sexo
y sexo(incluyendo a nuestras esposas: había que cumplir con los deberes
maritales para no llamar la atención), y nada nos gustaba más que acariciar sus
bultitos y ver como se mojaban. Fue el mejor momento de todos nosotros.



A día de hoy, varios años después de lo ocurrido, Darío y
Herminia se separaron por "diferencias conyugales"(Herminia pilló a Darío con su
secretaria, a la que también se cepillaba) y Jennifer se quedó con su padre, al
que desde ese momento tuvo en exclusiva para ella sola. Teresa y yo seguimos
juntos y nuestras hijas son ahora unas mujercitas hechas y derechas: Rosa tiene
un novio que es como el hijo que nunca tuve, un chico al que aprecio mucho y él
a mí. Es más, creo que él sospecha que algo pasa entre su novia y yo, pero
también sospecho que la idea más que escandalizarlo le gusta, a tenor de lo
salido que es. Julia, por su parte, también ha tenido sus coqueteos con algún
chico(aparte de algunos fugaces escarceos lésbicos, que siempre me contaba en
confidencia), y ahora está saliendo con un compañero de clase bastante guasón
aunque en el fondo es buen chico. Darío y yo hemos seguido teniendo nuestros
encuentros(y evidentemente nuestras hijas también se han seguido viendo de
cuando en cuando) para rememorar aquel verano de lujuria. Por mi parte, espero
que hayan disfrutado leyendo las tres partes de cómo mis hijas y yo nos hicimos
amantes, y como la historia fue subiendo de tono hasta alcanzar cotas
inimaginables. Ya no me queda más que contar, salvo desearles que lo pasen bien,
que ustedes padres disfruten con sus hijas(lo mismo que las madres con sus
hijos) como yo lo sigo haciendo, y que si en el futuro ocurre algo nuevo, ya
volveré para contarlo. Gracias por leerme y hasta siempre...


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Relato: El bultito de mis hijas
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Tiempo de lectura: 23minuto/s





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