Relato: Rodrigo y Óscar



Relato: Rodrigo y Óscar

Me llamo Rodrigo y esto sucedió cuanto tenía 18 años, en ese
entonces estaba yo haciendo mi servicio militar, ahora tengo 38 años, o sea que
hace 20 largos años y aun me acuerdo y me pongo bien cachondo y me llena de
satisfacción haberlo hecho.



Resulta que conocía a un chavito como de 12 años, era bien
mariconcito y me caía bien gordo por ser tan mariquita y yo siempre he sido bien
machín, además de que era hijo de un padrino mío que me caía muy mal, yo siempre
andaba molestado a Oscar que se así se llamaba o se llama este chavito, le decía
que le iba a meter la verga por el culo, que me lo iba a coger por puto, y cosas
así de obscenas y el nunca me decía nada, y cuando me veía venir me rehuía o se
me escondía.



Los domingos después de mis clases de servicio militar me
gustaba irme a tirar a la arena del río que estaba cerca de la población, como
domingo y al medio día estaba desierto el río, además de que yo buscaba los
lugares solitarios y me tiraba completamente desnudo en la arena y así
disfrutaba, me relajaba y una que otra vez me masturbaba, después empecé anotar
que alguien me espiaba entre las piedras y matorrales, pero no podía ver quien
era, sólo sabía que era un chamaco, y cuando me cruzaba el río nadando ya no
había nadie, se había ido corriendo, fui planeando como atrapar a ese chavo
fisgón un día me hice el dormido y con los ojos entrecerrados, lo vi nuevamente,
el tanteo y se la creyó que yo estaba dormido, se metió al agua nado, hasta la
orilla donde yo estaba, yo lo seguía con la mirada fingiendo dormir, llegó a la
orilla y sin salirse del agua, me estaba viendo y tratando de no hacer ruido,
entonces me di cuenta que era Oscar, a mi se empezó a ocurrir algo y mi
cachondez empezó a tomar forma y mi falo se empezó a hacer presente, Oscar
alzaba más la cabeza para verme mejor, donde yo estaba en la parte trasera había
piedras y recovecos que bien me podrían servir para lo que en mi mente ya había
tomado forma, fingiendo estar dormido y muy calmadamente me empecé a sobar el
palo para parármelo más, me di un poco la vuelta para quitarle un poco de vista
a Oscar, sin que yo lo perdiera de vista, para darle más curiosidad, y así fue,
mordió el anzuelo, al no alcanzar a ver lo que yo hacía con mi garrote,
sigilosamente se fue acercando más y más, y yo me movía más fingiendo estarme
masturbando dormido y gemía, se fue acercando más y más, estirando el cuello
para alcanzar a ver más y más, hasta que de un brinco lo atrapé de un brazo, él
ni pudo gritar del susto, se puso pálido y abrió tremendos ojos, yo sonriendo
con malicia, le dije, hasta que te agarré cochino putito, ¿qué, quieres verme la
verga? Pues aquí la tienes al alcance de tu mano, tómala, y se la sacudí frente
a su cara, no se movió siquiera, le grité ¡Tómala, te dije! ¿Qué esperas?, anda
tómala con tus delicadas manitas, él se me quedó viendo asustado, entonces yo
tomé una de sus manos, y la llevé hasta mi verga que ya estaba a tope, él sin
quitarme la vista, y con miedo en los ojos, se dejó llevar la mano, me senté en
la arena y lo jalé hasta mí, él estaba igual que yo totalmente desnudo, ya que
es costumbre del lugar bañarse o nadar sin ropa, y cayo hincado y con mi verga
en una de sus manos, y le dije;



¡Anda. Sóbamela! ¿no eso querías? y él con miedo y
ligeramente empezó a mover la mano. Entonces le dije,



Te voy a hacer un favor, que me lo vas a agradecer toda la
vida. Me paré y le dije que me siguiera, lo llevé atrás de una rocas, y ahí, le
dije que me lo iba a coger como siempre se lo había dicho, y que además, le
dije, creo que es lo que quieres, pues ya tiene varios domingos que vienes a
espiarme, él no atinaba a decir nada, ahora me veía a mí y me veía la verga y no
quitaba su cara de susto.



Es lo quieres ¿ o no?


No es cierto, yo no te espío, lo que pasa que siempre que
vengo, tú ya estas aquí y pues como siempre estás desnudo, me da pena y pues me
voy.



No es cierto, tú me espías, yo lo sé, además no me vas a
negar que te gusta la verga.



No me contestó nada y sólo me veía a los ojos y a la verga y
se fue pegando de espaldas a una de las rocas que había en ese rincón que yo
había escogido y que por mi estatura, alcanzaba a ver por si alguien llegaba de
improviso que era muy remoto, y donde Oscar por su estatura no se alcanzaba a
ver desde ningún ángulo, me acerqué a él y se la empecé a restregar por el
ombligo que era a esa altura donde le llegaba mi verga parados los dos, él no
hacía nada estaba pegado a la piedra y con ambos brazos apoyado de ella.



¿Quieres jugar con ella? ¿la quieres agarrar? ¿ o chupármela
acaso?, anda anímate y verás que rico nos la vamos a pasar, De todos modos ya
estamos aquí y de aquí no nos vamos hasta que no te la haya metido por el culo.



Él me decía;



Déjame ir por favor, de verdad que no te espiaba, sólo quería
nadar un poco,



Déjate de mariconadas, que bien sé que es lo que quieres y si
nunca te han dado por el culo, esta será tu primera vez, ¿Nunca te la han
metido?, movió la cabeza negándolo, A pues qué bueno, o sea que yo voy a ser tu
desquintador, pues que honor me concedes. Anda anímate y agárramela y sóbamela.



No por favor Rodrigo, no quiero, por favor déjame ir...



No, Oscarito, ya estamos aquí y ya me calentaste, ya me
pusiste bien cachondo y ahora me bajas la calentura y más vale que lo hagas de
buena manera si no quieres que rompa tu madre, y además entre menos te dejes,
más de va a doler,



No por favor que no me duela, por favor.



¡Ah! Ya aceptaste, pues bien qué esperas para empezar, anda
empieza a sobármela y mastúrbame.



Con cierto miedo empezó a sobármela poco a poco, yo le tomé
una de sus manos y le puse bastante de mi saliva y le dije que así para que
resbalara mejor entre sus manos, y poco a poco lo fue haciendo mejor, con mi
mano derecha guiaba yo la suya para darme satisfacción, y con mi mano izquierda
le acariciaba las tetillas, se las pellizcaba yo me estaba excitando mucho y de
vez en vez, veía hacia el otro lado del río por si alguien se acercaba, pero
afortunadamente no llegaba nadie, le dije que también mis tenates (los güevos)
necesitan de sus caricias y también me los empezó a jugar, le empecé a acariciar
la cabeza, metiendo mis dedos entre sus cabellos y él empezó a tomas confianza y
cada vez lo hacía mejor, yo estaba disfrutando plenamente aquellas delicadas
manitas, acariciar mis testículos y mi garrote, le dije que me la mamara, no se
animaba, se la quité de las manos y se la acerqué a la boca, él hizo a un la do
la cara, evitando que yo se la pusiera cerca, lo agarré de los pelos y se la
restregué por encima de los labios, le jalé más los pelos y le dije con energía
que abriera la boca, con miedo lo hizo, y se la metí y empecé a sacar y meter
como si me lo estuviera cogiendo por la boca, hizo como que iba a volver el
estómago, y le dije que si lo hacía lo madreaba, y así poco a poco se fue
acostumbrando a chupármela, no lo sabía hacer, pero si me sentí satisfecho con
lo poco que me la mamó, sentí que pronto me iba a venir y le dije que parara que
ahora me tocaba a mí darle placer; él con ojos de miedo me dijo;



¿Qué, ya me la vas a meter?



No mariquita, aún no, te voy a preparar para que me recibas
mejor y lo disfrutes, te voy a preparar el culito para que no te duela.



Si por favor, me dejo que me la metas pero que no me duela,
dicen que cuando es la primera vez duele mucho y le sale mucha sangre a uno.



Pues si sangras eso dirá que eras virgen y que no te la han
metido antes, y si sangras, no sabes cuando me dará satisfacción porque hace
mucho que no cojo a un quintito y vieras como se me está antojando que así sea
esta vez, me pone más caliente.



Lo tomé de la cintura y lo subí a una pequeña piedra, de
espaldas hacia mí y le dije que se inclinara un poco hacía adelante, él con
miedo volteó a ver que le iba yo a hacer, y le dije que no tuviera miedo que su
hora cero aún no llegaba, le abrí las nalguitas y empecé a meter mis dedos entre
ellas, buscando su anito y se lo empecé a sobar, me chupé dos dedos y le empecé
a mojar su rajita, y él se estremeció al contacto con mis dedos, poco a poco fui
metiendo la yema de mi dedo medio, y Oscarito suspiró al contacto, y se pegaba
más a la piedra como si eso fuera a calmarle los nervios, pude meter hasta la
mitad de mi dedo y sonreí complacido y le dije, mientras él gemía y suspiraba a
la vez;



Ya viste ya esté cediendo este rico culito,



Me está doliendo un poco, por favor sácamelo...



Yo giraba mi dedo e insistía en meterlo hasta que lo hundí en
su totalidad, lo sacaba y lo metía a ritmo, mientras acerqué mi cara y empecé a
mordisquearle las nalgas y a lamérselas también y Oscarito se retorcía de
placer, luego preparé bastante saliva y la dejé caer entre sus nalguitas mojando
mi dedo índice que también quería entrar a ese hoyito tan querendón que tenía
ahí a su disposición, me costó un poco de trabajo pero también entró, Óscar
únicamente decía;



Ya por favor, déjame ir, por favor, ya, ya, ya (repetía cada
vez con menos potencia como cediendo a mis deseos)



Metía mis dedos y los sacaba como si me lo estuviera cogiendo
y Oscarito cada vez paraba más sus nalguitas y de pronto muy levemente también
empezó a moverlas rítmicamente, como temeroso pero a la vez eso quería decir que
yo le estaba dando placer, le saqué los dedos que los tenía bastante calientes y
húmedos y empecé a masajearle el culito con mi lengua, sentí lo caliente de esa
entrada y palpitaba como invitándome a entrar en él, le dije que se inclinara
más hacia delante y abriera más las piernas, él lo hizo y entonces supe que ya
estaba cooperando que ya lo tenía yo en mis manos y a mi gusto, mientras le
lamía el culo, yo me sobaba la verga preparándome para la penetración y me puse
bastante saliva, me paré detrás de él, abrí lo más que pude las piernas para
quedar a su altura y con una mano lo tomé de su cintura para afirmarlo y con la
otra dirigí la punta de mi verga a ese culito virgen que estaba por comerme, por
disfrutar, por desflorar que era lo principal, él decía;



Ya, ya por favor...



Ya qué pinche puto



Ya por favor déjame ir, por favor, me va a doler mucho,



Ahora te aguantas porque ahí te voy



Ya, ya por favor Rodrigo, ya por favor,



Ya la quieres sentir



Le puse mi glande en su entrada y se la estuve restregando,
como haciéndosela más de emoción y él decía,



Ya, ya por favor,



¿Ya quieres que te la meta, él movió la cabeza aceptando, Yo
sonreí y se la pasé por todas las nalgas para hacerlo sufrir



Ya, Rodrigo por favor ya,



De pronto empujé y no entró, él pujó y apretó sus nalgas y le
di una nalgadas que hizo que se aflojara un poco, volví a empujar y nada, volvió
a pujar y a quejarse, le dije que era mejor que cooperara de lo contrario le iba
a doler más, porque yo no lo iba a dejar ir hasta habérsela metido, hasta no
habérmelo cogido, él empezó a gemir lloriqueando, le dije que aflojara el cuerpo
para no lastimarlo, se reacomodó sin dejar de llorar, aproveché y empuje con más
fuerza y logré meter mi glande, que al sentirlo gritó muy fuerte y empezó a
llorar, yo le dije muy enojado que se callara mientras volteé para todos lados y
afortunadamente o se veía nadie, sólo a lo lejos río abajo había un paso donde
el agua llegaba debajo de las rodillas y por ahí pasaba gente que iba a los
poblados que estaban del otro lado del río pero estaba demasiado lejos como para
oír el grito de Oscarito, él decía lloriqueado,



Me está doliendo, me está doliendo mucho,



Cállete pinche maricón, ahora se te pasa, quédate quieto un
rato que yo también haré lo mismo y cuando se te pase seguimos cogiendo,



Me esperé un poco y cuando vi que dejó de quejarse, se la
empujé otra vez metiendo un poco más, él volvió a gritar pero mucho menos y lo
volví a regañar,



Te dije que no grites, si no quieres que te dé unos bueno
madrazos, cabrón puto,



Me duele, me duele mucho, por favor sácamela, por favor
Rodrigo, por favor.



Me detuve un poco más y luego volvía a meter otro poco, y
ahora únicamente pujó y medio lloró, y nada más, yo lo seguía tomando de la
cintura para afianzarlo y con la otra guiaba yo mi garrote para poderlo meter
bien, entonces seguí empujando poco a poco suavemente, y Oscarito pujaba y
pujaba, y yo así empujando suavemente era como realmente lo estaba disfrutando,
cuando vi que mi palo ya estaba bien afianzado entonces lo tomé con las caderas
y se la fui empujando hasta que sentí que tomé mi pelvis contra sus nalgas, él
seguía gimiendo, no sé si de dolor o le estaba gustando, me moví dentro de él en
forma circular, tanteando que me había recibido ya sin mucho dolor, qué rico me
ahorcaba la verga, me sentía muy apretado y sentí lo caliente de su interior, él
gemía y me decía:



Me duele... me duele... me duele - cada vez más quedo



Me empecé a mover sacando poco a poco y metiendo poco
también, en a medida en que vi que ya no se quejaba, al contrario veía como sus
gemidos ahora ya no eran de dolor, ahora lo estaba gozando, su subiendo mi
ritmo, y empecé a sacar más y a meter más, hasta que llegué a dejarle tan sólo
la cabeza dentro y se la dejaba ir toda, él jadeaba y decía;



Ay, ay, ay, ya no por favor... ya no por favor...



Lo estuve bombeando un buen rato, y sentía que sus piernas le
tambaleaban, entonces le dije que cambiáramos de posición se la saqué, y dio un
pequeño grito, y trató de corre, pero yo lo alcancé a agarrar y lo recosté boca
arriba sobre la piedra y le abrí las piernas, al abrirlas vi que tenía un poco
de sangre en el ano, pero no le dije nada, de lo contrario menos se dejaría que
se la metiera nuevamente, me miraba la verga con susto, yo la traía súper
parada, y vi que también traía algo de sangre en la punta pero él no lo alcanzó
a ver, lo jalé hacía mí poniéndolo a la altura de mis genitales y se la dejé ir
toda de un solo jalón, él cerró los ojos muy fuerte, pujó y se mordió los
labios, y me lo empecé a coger otra vez esta vez esta yo mejor parado, y me
estaba dando mucho placer, lo estaba bombeando bien rico, realmente yo lo estaba
disfrutando, que rico culito, tan apretadito, tan calientito y con sus quejidos
y gemidos a la vez, más cachondo me ponía, por un momento me olvidé que tenía
que estar atento por si alguien llegaba, afortunadamente nadie llegó, el gemía y
decía;



Ya por favor, me duele, me duele, ya, ya, ya...



Yo gemía de placer, sentía mi verga sabrosamente ahorcada,
apretada como a todos creo nos gusta nos aprieten la verga mientras cogemos
algún culito, y este me estaba apretando de lo más lindo, no cabía duda que era
nuevo, que rico culito, rítmicamente fui subiendo el ritmo sin sentirlo, la
satisfacción me iba dando la pauta, yo jadeaba fuertemente, estaba sudando
copiosamente, veía la cara de placer de Oscarito que me decía,



Ya por favor, ya Rodriguito, ya déjame ir, ya me la metiste,
ya por favor, mi mamá se va a dar cuenta que ya me tardé mucho,



Yo me lo seguía cogiendo, sin hacer caso de sus ruegos, luego
sentí que mis güevos estaban listos para aventar su producto, subí el ritmo lo
más que pude, y pronto sentí como mi verga empezó a hincharse más y más, él lo
sintió y abrió tamaños ojos, y yo empecé a lanzar mis mocos dentro de él.



Aaaaaaaagggghhhhhhh, me vengo, me vengo... me vengo...



Termine dentro de él muy pegado a sus nalgas y de pronto
sentí como mis mocos salían de su culo y resbalaban por sus cachetes, cuando
hube terminado, se la fui sacando poco a poco a poco y al sacar la cabeza, el se
retorció de dolor, ya que la tengo gruesa, pero la cabeza de mi verga es más
gruesa que el resto, mi verga chorreaba un poco de leche aún, entonces él se dio
cuenta de la sangre, se inclinó tratando de verse y como no alcanzaba, le pasó
una mano por el culo y vio que tenía además de restos de mis mocos, tenía
sangre, se espantó y empezó a llorar y me veía y se veía la mano, yo le dije que
no se preocupara que era natural, que se metiera al río y que se lavara bien y
que tratara de sacarse la leche que hiciera como si estuviera cagando para
sacársela toda y le saliera la sangre y que después de eso ya no sangraría, que
era pasajero y natural cuando era la primera vez, se paró y empezó a caminar con
cierta dificultad y se metió al río, se fue nadando hasta la otra orilla y ahí
estuvo un rato, vi que aún lloraba y después salió del agua y se examinaba las
nalgas, yo le dije que ya no tenía nada y que dejara de llorar si no en su casa
se darían cuenta y le iban a pegar por andar de puto, vi como se vistió al otro
lado de río y se fue, yo me quedé otro rato acostado en la arena recordando y
disfrutando de lo que recién acababa de suceder, me veía la verga pegajosa y me
la sobaba, como dándole las gracias por el placer que acababa de darme, se había
parado nuevamente, me masturbé en honor de Oscarito, me bañé y me fui a mi casa
satisfecho de los acontecimientos.



A partir de esa fecha, Oscarito se me escondía más y si me
veía a lo lejos corría y corría hasta alejarse lo más que podía de mí, yo ya no
insistí en buscarlo, y después yo me mudé a este lugar y nunca más lo volví a
ver. Ah recuerdos de mi juventud.




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